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Museo Oro del Perú y Armas del Mundo

El Museo Oro del Perú y Armas del Mundo se erige majestuoso en Alonso de Molina 1100, Monterrico, Santiago de Surco, Lima, Perú. Este tesoro cultural, nacido en la década de 1960, brota de la visión del empresario y diplomático Miguel Mujica Gallo, cuya pasión por la historia peruana lo impulsó a coleccionar más de ocho mil piezas, una amalgama de artefactos arqueológicos y militares.

El edificio, un coloso de concreto armado, custodia este legado como una fortaleza moderna, con su entrada resguardada tras una imponente bóveda de seguridad. Gestionado por la Fundación Miguel Mujica Gallo, esta institución es guiada por Camila Perez Palacio Mujica, continuando así el compromiso de preservación.

Las piezas, testigos mudos de un pasado glorioso, reflejan la riqueza y la diversidad de las culturas precolombinas del Perú. Desde máscaras de oro de la Cultura Lambayeque hasta gruesas planchas de oro de la época inca, cada objeto cuenta una historia de habilidad, creencia y vida cotidiana.

El oro y la plata, más que metales, encarnan un simbolismo mágico-religioso arraigado en el corazón de las antiguas civilizaciones peruanas. Representan la dualidad de la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, la fertilidad y la aridez. Estos metales no solo adornaban, sino que también conferían estatus y poder a quienes los poseían.

Las técnicas metalúrgicas desarrolladas por los antiguos peruanos asombran incluso a los expertos modernos. Dorar y platear superficies metálicas eran solo algunas de las habilidades que dominaban, destacando culturas como Vicus, Mochica, Lambayeque y Chimú en la costa norte del país.

El museo no solo alberga tesoros arqueológicos, sino también un vasto arsenal de armas y pertrechos militares de diversas épocas y países. Desde sables antiguos hasta uniformes de guerra, cada objeto narra las gestas y las tragedias de la humanidad a lo largo de los siglos.

Con veinte mil piezas en exhibición, este santuario cultural se erige como un faro que ilumina los pasajes más oscuros de la historia, recordándonos la importancia de preservar y valorar nuestro legado ancestral.

Parque de la Amistad María Graña Ottone en Surco, Lima


El Parque de la Amistad María Graña Ottone, un espacio público emplazado en el distrito peruano de Santiago de Surco, en el corazón de Lima Metropolitana, destaca como un oasis de encuentro y esparcimiento. Su inauguración el 25 de noviembre de 2001, bajo la administración del alcalde Carlos Dargent, marcó un hito en la revitalización urbana, al reintroducir el emblemático Arco Morisco, evocando la historia que yace en la avenida Arequipa.

Con una ubicación privilegiada en la intersección de las avenidas Alfredo Benavides y Caminos del Inca, el parque se erige como una joya arquitectónica, fusionando elementos de la Mezquita-Catedral de Córdoba para crear un ambiente estético único en Lima. Aunque la entrada al parque es gratuita, se cobra una tarifa nominal por ascender al Arco Morisco, ofreciendo así un acceso inclusivo para todos los visitantes.

La singularidad del Parque de la Amistad reside en sus adornos moriscos, una característica distintiva que lo convierte en un punto de referencia cultural en la ciudad. Además de su estética cautivadora, el parque alberga el Centro Cultural Augusto B. Leguía y el Museo Casa de La Respuesta, honrando la memoria de los caídos en la guerra del Pacífico y enriqueciendo el tejido cultural de la comunidad.

Explorar este enclave histórico es sumergirse en un viaje en el tiempo, donde las antiguas locomotoras de 1926 aún rugen con vida, recordando la era dorada del transporte ferroviario. El paisaje del parque se completa con una encantadora laguna, serenas piletas y exuberantes jardines que invitan a la contemplación y la relajación.

Además de su valor histórico, el Parque de la Amistad es un epicentro gastronómico, con un variado patio de comidas que ofrece delicias culinarias de las tres regiones peruanas: costa, sierra y selva. Esta diversidad culinaria refleja la riqueza cultural del país y brinda a los visitantes una experiencia sensorial inigualable.

En suma, el Parque de la Amistad María Graña Ottone se erige como un testimonio vivo del pasado y el presente de Lima, un lugar donde la historia se entrelaza con la modernidad y donde la amistad y la cultura convergen para crear un ambiente acogedor y enriquecedor para todos aquellos que lo visitan.