Querido Dios, en esta Navidad, quiero darte las gracias por permitirme cuidar a quienes más lo necesitan. En cada día de trabajo, veo el milagro de la vida, la fortaleza de las personas y la esperanza que se mantiene viva en los corazones, incluso en los momentos más difíciles.
Hoy, pido por la salud de todos los pacientes, sus familias y mis compañeros de profesión. Que tu luz ilumine cada sala de hospital, cada hogar y cada rincón donde alguien necesite consuelo y paz. Danos la fuerza para seguir adelante, la paciencia para escuchar y el amor para sanar.
Finalmente, te ruego que esta Navidad sea un recordatorio de que no estamos solos. Que en cada sonrisa, en cada abrazo y en cada gesto de bondad, podamos sentir tu presencia. Bendice nuestras manos para seguir sirviendo y nuestros corazones para seguir amando.
Amén.
