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Oh, dulce Madre, Nuestra Señora de la Esperanza, hoy acudimos a Ti con humildad y fe, buscando tu bendición y tu amor maternal. Eres el faro que guía nuestras vidas en medio de las tempestades, la luz que nos conduce hacia la paz y la fortaleza. Te pedimos que extiendas tu manto protector sobre nosotros, guardándonos de todo mal y llenándonos de esperanza en cada paso de nuestro camino.
Madre llena de gracia, intercede ante tu Hijo Jesús para que nuestras oraciones sean escuchadas y nuestras cargas aligeradas. Ayúdanos a mantener la fe en los momentos de prueba y a recordar que nunca estamos solos, pues Tú, Madre querida, siempre estás con nosotros. Enséñanos a confiar en los designios de Dios, incluso cuando no los entendamos, y a permanecer firmes en nuestra fe.
Nuestra Señora de la Esperanza, transforma nuestras preocupaciones en confianza y nuestras dudas en certezas. Infunde en nuestros corazones la alegría de vivir y el deseo de seguir los caminos de Cristo. Que en los días oscuros, tu amor nos ilumine y nos muestre que siempre hay un nuevo amanecer esperándonos.
Oh Madre bondadosa, bendice a nuestras familias y protege nuestros hogares. Llena de paz y amor cada rincón de nuestras vidas, alejando el rencor y sembrando la reconciliación. Danos la sabiduría para educar a nuestros hijos en la fe y para ser un ejemplo de amor y esperanza en el mundo.
Madre de la Esperanza, ruega por los que sufren y por los que han perdido la fe. Sé consuelo para los afligidos y esperanza para los desesperados. No permitas que nadie caiga en el abismo de la desesperanza, sino que todos encuentren en Ti el apoyo y la fortaleza para seguir adelante.
Oh Virgen Santa, bendice nuestros proyectos y sueños, y ayúdanos a trabajar con perseverancia y humildad para hacerlos realidad. Que todo lo que hagamos sea para la gloria de Dios y para el bien de nuestros hermanos. Concede tu gracia a quienes buscan una segunda oportunidad y a quienes luchan por superar los obstáculos de la vida.
Finalmente, Madre querida, te entregamos nuestras vidas, nuestros anhelos y nuestras inquietudes. Tómanos de la mano y llévanos siempre hacia tu Hijo Jesús, fuente de toda esperanza y salvación. Amén.
Oh Virgen Santísima, Nuestra Señora de la Esperanza, en esta Semana Santa nos acercamos a Ti con corazones humildes y contritos. Al contemplar el sacrificio de tu Hijo amado, Jesús, queremos pedirte que nos llenes de tu amor maternal y nos bendigas con la esperanza que sólo Tú puedes infundir en nuestras almas. Sé nuestro refugio en estos días de reflexión, dolor y redención.
Madre del Salvador, que acompañaste a tu Hijo en su camino al Calvario, enséñanos a cargar nuestras cruces con fe y valentía. En los momentos de sufrimiento y prueba, ayúdanos a recordar que después de la cruz viene la resurrección, y que en medio de la oscuridad, tu luz de esperanza siempre brilla.
Oh Madre de la Esperanza, abre nuestros corazones a la misericordia de Dios en estos días santos. Que tu ejemplo de entrega y confianza en los planes divinos nos inspire a vivir en reconciliación con Él y con nuestros hermanos. Danos la gracia de arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y de buscar siempre el camino de la verdad y la justicia.
Virgen llena de gracia, protege a nuestras familias y a todos los que amamos. Llena nuestros hogares de paz y unidad, y enséñanos a perdonarnos mutuamente, tal como Jesús nos perdonó desde la cruz. Que en estos días santos, tu bendición sea nuestro consuelo y nuestra fortaleza.
Madre compasiva, ruega por los que sufren, por los enfermos, los afligidos y los que han perdido la esperanza. En el espíritu de la Pasión de Cristo, ayúdanos a ser instrumentos de amor y caridad para aquellos que necesitan de nuestro apoyo. Que nuestras acciones sean un reflejo del amor que tu Hijo nos enseñó.
Oh Virgen de la Esperanza, renueva en nosotros la fe en la resurrección. Que la alegría de la Pascua transforme nuestras vidas y nos llene de la certeza de que en Cristo está la victoria sobre el pecado y la muerte. Concédenos el valor para vivir como testigos de su amor en un mundo que tanto necesita de su luz.
Finalmente, Madre querida, confiamos en tus manos nuestras preocupaciones, nuestros sueños y nuestras vidas. Llénanos de esperanza y condúcenos siempre hacia Jesús, nuestro Salvador resucitado. Que esta Semana Santa sea un tiempo de conversión y gracia bajo tu mirada amorosa. Amén.
Oh dulce Madre, Nuestra Señora de la Esperanza, en esta santa Navidad acudimos a Ti con corazones llenos de gratitud y alegría por el nacimiento de tu Hijo amado, Jesús, nuestra luz y salvación. Te pedimos que nos bendigas en este tiempo de amor y reconciliación, y que renueves en nosotros la esperanza que sólo Tú sabes sembrar en nuestras almas.
Madre del Emmanuel, en el humilde pesebre donde diste a luz al Salvador, enséñanos a valorar las cosas simples y a encontrar en ellas la verdadera felicidad. Que, como Tú, aprendamos a confiar plenamente en los planes de Dios y a recibir con humildad las bendiciones que Él nos concede.
Oh Virgen de la Esperanza, llena nuestros hogares de paz en esta Navidad. Que el calor del amor familiar sea un reflejo de aquel amor infinito que brotó en Belén con el nacimiento de Jesús. Aleja de nosotros la discordia y el egoísmo, y ayúdanos a vivir en armonía, compartiendo lo que tenemos con quienes más lo necesitan.
Madre bondadosa, que esta Navidad sea un tiempo de reconciliación y fe. Guía nuestros corazones hacia tu Hijo, el Rey de la paz, para que podamos perdonar y ser perdonados, amar sin condiciones y vivir con alegría el mensaje del Evangelio. Que el ejemplo de tu fe nos inspire a caminar siempre junto a Dios.
Virgen llena de gracia, intercede por los que viven en soledad, tristeza o sufrimiento durante estas fiestas. Sé consuelo para los afligidos, esperanza para los desamparados y luz para los que se sienten en tinieblas. Que el nacimiento de Jesús traiga nuevas fuerzas a los corazones cansados y alegría a los que han perdido la fe.
Oh Madre de la Esperanza, enséñanos a reconocer a Cristo en el rostro de nuestros hermanos, especialmente en los más pobres y necesitados. Ayúdanos a vivir la Navidad no sólo como una celebración pasajera, sino como un compromiso de amor y servicio al prójimo, llevando la luz de Jesús a todos los rincones de nuestra vida.
Finalmente, dulce Madre, ponemos en tus manos nuestras vidas, nuestras familias y nuestros sueños. Llénanos de esperanza para afrontar los retos que vendrán, y condúcenos siempre hacia Jesús, el Hijo de Dios, nacido por amor a nosotros. Que esta Navidad sea un tiempo de gracia bajo tu bendición maternal. Amén.
La historia de la Virgen de la Esperanza es una tradición Mariana originaria de España. Esta Virgen es considerada la patrona de la isla de Tenerife, de Logroño, La Guancha, y la Virgen peregrina de la Provincia. Se le conoce como la Virgen de la Esperanza o la Virgen de la O debido a su papel en la historia del cristianismo. Ella representa a María en estado de embarazo, simbolizando la esperanza que trajo al mundo al Salvador.
La Virgen de la Esperanza es venerada por ser patrona de las mujeres embarazadas, ya que llevó en su vientre al niño que sería la luz del mundo. Las mujeres embarazadas confían en su protección para asegurar un embarazo saludable y exitoso.
Su celebración tiene lugar el 18 de diciembre de cada año, y en España, los fieles devotos realizan oraciones y festividades en conmemoración de su importancia.
Se cree que la Virgen de la Esperanza es generosa con sus fieles y tiene el poder otorgado por Dios para brindar esperanza y protección a quienes la siguen con fe y cumplen los mandamientos de Dios. Su devoción es fuerte en los pueblos donde se le venera en España.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
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Cercado de Lima
Chorrillos
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Jesús María
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