
Dirección: Jr. Juan Acevedo 881, Urb. Colmenares, Pueblo Libre.
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De lunes a sábado: 8: 00 a.m, 5 p.m, 6 pm, 7 pm.
Domingo: 8 am, 10 am y 11:30 a.m.; 5:00 pm y 6:30 p.m, 7:30 pm
Durante cada misa.
Oh Madre bendita, Nuestra Señora de la Caridad, acudimos a Ti con humildad y esperanza, reconociéndote como nuestro consuelo y refugio seguro en los momentos de dificultad. Desde el corazón de Pueblo Libre, tus hijos fieles te invocamos con amor profundo.
Tú, que llevaste a Jesús en tu seno y viviste con fe cada paso de su vida, comprendes nuestras luchas y alegrías. Acoge nuestras súplicas, escucha nuestras voces que se alzan como un solo pueblo en busca de tu protección maternal.
Te pedimos, Señora, que derrames tu bendición sobre nuestras familias, sobre nuestros hogares y sobre toda nuestra comunidad parroquial. Ilumina nuestros caminos, fortalece nuestra fe y ayúdanos a vivir con caridad, al estilo de tu Hijo Jesús.
Bendice especialmente a los enfermos, a los afligidos, a los que se sienten solos o perdidos. Que sientan tu ternura y tu compañía en medio de sus sufrimientos, y que no pierdan nunca la esperanza.
Guía a nuestros jóvenes para que encuentren en Ti un modelo de entrega y pureza. Inspira a los niños, anima a los padres, fortalece a los ancianos. Que en cada etapa de la vida podamos reconocer tu presencia amorosa y maternal.
Te pedimos por nuestra parroquia, Nuestra Señora de la Caridad, para que sea siempre una comunidad viva, solidaria y comprometida con el Evangelio. Que cada feligrés sea testigo de tu amor y viva con alegría la fe que profesamos.
Madre querida, no apartes tu mirada de nosotros. Protégenos bajo tu manto y llévanos siempre a Jesús. Amén.
Madre Santísima, Nuestra Señora de la Caridad, en esta Semana Santa elevamos nuestras plegarias a Ti, acompañándote con el corazón en cada paso del camino de tu Hijo hacia la cruz. Con profundo respeto y amor, los feligreses de tu parroquia en Pueblo Libre nos unimos en oración.
Tú que estuviste al pie de la cruz, firme en la fe y llena de dolor, enséñanos a permanecer fieles en medio del sufrimiento. Ayúdanos a contemplar la Pasión de Cristo no con tristeza vacía, sino con esperanza renovada y gratitud por tanto amor derramado.
Bajo tu amparo, Madre de la Caridad, pedimos que bendigas nuestras vidas en estos días santos. Purifica nuestros corazones, libéranos del egoísmo, y haz que abracemos con sinceridad el llamado a la conversión.
Intercede por cada familia de nuestra comunidad. Que vivamos esta Semana Santa con recogimiento, con oración sincera, y con gestos de caridad hacia nuestros hermanos, especialmente los más necesitados y olvidados.
Acompáñanos en el silencio del Sábado Santo, cuando todo parece perdido, y danos la fe que supiste guardar en tu alma, esperando la resurrección. Que tu ejemplo nos ayude a confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros.
Haz, Madre querida, que no pasemos por esta Semana Santa como si fuera un rito más, sino como un verdadero encuentro con el amor de Dios manifestado en la cruz. Que tu bendición nos impulse a vivir como discípulos valientes del Señor resucitado.
Nuestra Señora de la Caridad, bendícenos en esta Semana Santa y siempre. Guíanos hacia la luz de la Pascua y enséñanos a amar con el mismo amor con que Tú amaste. Amén.
Madre de Dios, Nuestra Señora de la Caridad, en esta noche santa nos reunimos como hijos tuyos para contemplar, junto a Ti, el misterio del Niño que nace en Belén. Con humildad y gratitud, los feligreses de tu parroquia en Pueblo Libre elevamos nuestras oraciones a tu corazón maternal.
Tú, que llevaste en tu seno al Salvador del mundo, enséñanos a recibir a Jesús con fe sincera y corazón abierto. Ayúdanos a preparar nuestro interior como pesebre limpio y sencillo, donde el Hijo de Dios pueda nacer con alegría.
Bendice nuestros hogares, nuestras familias, y a todos aquellos que se encuentran lejos o solos en esta Navidad. Que tu ternura de Madre llegue a cada rincón donde se necesite consuelo, esperanza y paz.
En esta noche de luz, donde el cielo se une con la tierra, te pedimos que intercedas por nuestra comunidad parroquial. Que cada uno de nosotros sea portador de la alegría del Evangelio, como los pastores que corrieron a anunciar el nacimiento de Cristo.
Protege especialmente a los niños, a los enfermos, a los pobres y a quienes han perdido la fe. Que tu ejemplo de servicio y tu caridad maternal nos inspire a compartir lo que somos y lo que tenemos con quienes más lo necesitan.
Que en medio de los festejos y regalos no olvidemos el verdadero motivo de esta celebración: el Dios hecho niño, el Emmanuel, que viene a habitar entre nosotros por amor. Haz que nunca falte en nosotros la gratitud, la oración y la generosidad.
Nuestra Señora de la Caridad, bendícenos en esta Navidad y guíanos siempre hacia Jesús. Que vivamos cada día con el espíritu de Belén: humildad, fe y amor. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
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Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
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Jesús María
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