
Dirección: Los Canamelares 225, Maranga, San Miguel
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Lunes a Viernes: 7: 00 p.m.
Sábado: 8: 00 am y 6: 00 p.m.
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Sábado y Domingo: Durante la Misa
Lunes a Domingo de 7: 00 am-10: 00 pm
Jesús Redentor, amado Salvador nuestro, nos postramos hoy ante tu presencia divina con el corazón abierto y lleno de fe. Venimos como comunidad unida, como hijos tuyos, confiando en tu infinita misericordia y amor. Tú que diste tu vida por nosotros, escucha nuestras súplicas y acoge con ternura nuestras oraciones.
Te pedimos, Señor, que derrames tu bendición sobre cada uno de los miembros de nuestra parroquia. Fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y enciende en nosotros el fuego de tu amor. Que en cada hogar reine tu paz y que nunca falte el pan, la salud y el consuelo de tu Espíritu.
Jesús Redentor, guía a nuestras familias con tu luz. Ilumina nuestros caminos en medio de las dudas, y sé nuestro refugio en los momentos de prueba. Ayúdanos a vivir con alegría el Evangelio y a ser testigos de tu amor en el mundo.
Bendice especialmente a nuestros niños, jóvenes y ancianos. Protégelos, acompáñalos y dales sabiduría para seguirte con fidelidad. Que cada paso que den esté marcado por tu presencia y cada decisión sea guiada por tu voluntad.
Te encomendamos también a los enfermos, a los que sufren en silencio, a quienes se sienten solos o sin esperanza. Sé su consuelo y su fuerza. Hazles sentir que tú nunca los abandonas y que tu cruz es también su victoria.
Jesús Redentor, bendice a nuestros sacerdotes, ministros y servidores. Inspíralos en su labor pastoral y llénalos de tu Espíritu para que sigan guiando a esta comunidad con humildad y entrega. Que en cada Eucaristía celebremos con gozo tu presencia viva entre nosotros.
Con humildad y confianza, los feligreses de la Parroquia Jesús Redentor del distrito de San Miguel elevamos esta oración ante ti. Acompáñanos siempre, Señor, y manténnos unidos en tu amor, bajo la protección de tu bendición santa. Amén.
Jesús Redentor, en esta Semana Santa nos acercamos a ti con profundo recogimiento, recordando tu pasión, muerte y gloriosa resurrección. Nos conmueve tu entrega total, tu silencio ante el dolor, tu perdón desde la cruz, y tu infinito amor por la humanidad. Nos postramos ante ti, conscientes de que solo tú eres el camino, la verdad y la vida.
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a vivir estos días santos con el corazón limpio y el alma abierta. Que no solo recordemos lo que hiciste por nosotros, sino que lo hagamos vida en cada gesto de amor, en cada acto de perdón, en cada sacrificio ofrecido con humildad. Transforma nuestras debilidades en oportunidades para acercarnos más a ti.
Que tu cruz, signo de sufrimiento pero también de victoria, nos dé fuerza para cargar nuestras propias cruces de cada día. Que en el dolor descubramos sentido, y en el silencio, tu presencia. Que nunca nos cansemos de seguirte, aunque el camino sea cuesta arriba, porque sabemos que al final está la resurrección.
Jesús Redentor, que esta Semana Santa no pase como una fecha más. Que sea un verdadero encuentro contigo. Concédenos la gracia de mirar nuestros pecados con sinceridad, acudir al sacramento del perdón, y reconciliarnos contigo y con nuestros hermanos. Que vivamos la Pascua renovados, como nuevas criaturas en ti.
Bendice, Señor, a nuestra comunidad parroquial. Acompaña a las familias de la Parroquia Jesús Redentor del distrito de San Miguel, y fortalece la fe de cada uno de sus miembros. Que esta Semana Santa sea un tiempo fecundo de conversión y de unión más profunda contigo.
No permitas que el ruido del mundo nos aparte del misterio de tu entrega. Que en medio de nuestras actividades, sepamos hacer silencio para escuchar tu voz. Que sepamos contemplarte en el huerto, en el camino al Calvario, en la cruz, y finalmente en el sepulcro vacío, signo de tu victoria.
Con devoción sincera y fe renovada, los feligreses de esta parroquia elevamos nuestra oración a ti, Jesús Redentor. Quédate con nosotros, acompáñanos en el dolor y en la alegría, y bendice a cada uno de tus hijos en esta Semana Santa. Amén.
Jesús Redentor, en esta Navidad venimos ante ti con el corazón lleno de gratitud y esperanza. Celebramos tu nacimiento con alegría, sabiendo que tú eres el Emanuel, el Dios con nosotros. En medio de la sencillez del pesebre reconocemos la grandeza de tu amor, que se hizo pequeño para habitar entre nosotros.
Te pedimos, Señor, que renazcas en nuestros corazones como lo hiciste en Belén. Que no seas un recuerdo lejano, sino una presencia viva que transforme nuestra vida. Ayúdanos a acoger tu luz en medio de las sombras, tu paz en medio del ruido, y tu ternura en medio de la indiferencia del mundo.
Haz que esta Navidad sea más que una celebración externa. Que sea una verdadera fiesta del alma, donde tú seas el centro, el motivo y el invitado principal. Que nuestras palabras, nuestros gestos y nuestros encuentros reflejen el amor que tú trajiste al mundo.
Jesús Redentor, bendice a nuestras familias, une los corazones divididos y devuelve la esperanza a los que han perdido la fe. Da consuelo a quienes viven esta Navidad en soledad o con dolor. Sé tú la luz que ilumina cada hogar y la fuerza que sostiene a los que más sufren.
Desde la Parroquia Jesús Redentor del distrito de San Miguel, tus fieles te ofrecemos nuestra oración con humildad. Ven a habitar entre nosotros como lo hiciste aquella noche santa, y quédate siempre en nuestro caminar. Llena esta comunidad de amor, de fraternidad y de compromiso con los más necesitados.
Que como los pastores, sepamos reconocerte en la sencillez. Que como los Reyes Magos, sepamos adorarte con nuestros dones. Y que como María y José, sepamos acogerte con confianza, obediencia y alegría. Haz de nosotros un pesebre donde puedas descansar y reinar.
Jesús Redentor, gracias por nacer entre nosotros. Que esta Navidad marque un nuevo comienzo en nuestra fe, en nuestra entrega y en nuestro amor por ti. Recibe esta oración con cariño, de parte de tus hijos fieles que te aman y esperan tu bendición. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
Miraflores
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