
Dirección: Calle Los Cisnes 321, Urb. Jardín, San Isidro
Telf. 441-3621 / 982 214 555
Correo:
Lunes: 8:30am, 7:00pm
Martes a sábado: 8:30am, 10:00am, 7:00pm
Domingo: 8:30am, 11:00am, 5:30pm, 7:00pm
Durante las Misas.
Jueves: 8:30pm a 9:30pm (Capilla adoración perpetua, lunes a domingo las 24 horas)
Santa Mónica, madre llena de fe y esperanza,
te rendimos homenaje desde nuestros corazones humildes,
reconociendo tu dolor, tu fortaleza y tu amor incondicional por tu hijo Agustín.
Hoy, desde la Parroquia Santa Mónica de San Isidro, te pedimos tu intercesión ante el Señor,
para que nos guíes con tu ejemplo de paciencia, amor y perseverancia.
Tú que supiste confiar en la misericordia divina,
ayúdanos a tener siempre fe en la obra de Dios,
aunque el camino sea arduo y las pruebas parezcan interminables.
Que tu bendición nos fortalezca en los momentos de dificultad y nos impulse a seguir el camino de Cristo.
Santa Mónica, protectora de los hogares y de los corazones atribulados,
te pedimos que intercedas por nuestras familias,
para que, como tú, sepamos amar con pureza,
ser firmes en la oración y nunca perder la esperanza.
A ti acudimos, madre amorosa, para pedir tu bendición para nuestra parroquia.
Que tu mirada maternal nos cubra con tu manto de consuelo y esperanza,
y que, bajo tu amparo, podamos vivir en unidad, paz y armonía en nuestra comunidad.
Intercede por nosotros, Santa Mónica,
para que el Señor escuche nuestras oraciones y nos dé la sabiduría necesaria
para educar a nuestros hijos en la fe, la virtud y el amor.
Que siempre busquemos en Él la fuerza para superar las dificultades.
Que tu ejemplo de vida nos inspire a ser mejores cristianos cada día,
a confiar en la gracia de Dios y a ser instrumentos de su paz.
Santa Mónica, madre valiente, ruega por nosotros y por toda nuestra comunidad.
Finalmente, Santa Mónica, te pedimos tu bendición en este día.
Que tu presencia nos acompañe siempre, dándonos la fortaleza para seguir adelante
en nuestra misión de vivir conforme a los mandamientos de Dios.
Amén.
Santa Mónica, madre piadosa y ferviente,
en estos días de Semana Santa venimos ante ti con corazones humildes y llenos de esperanza.
Tú, que en tu vida sufriste con amor y paciencia, intercede por nosotros,
para que en este tiempo de reflexión y oración podamos acercarnos más a Cristo.
Santa Mónica, madre que supiste esperar y confiar en la misericordia divina,
te pedimos que nos ayudes a vivir con fe y esperanza esta Semana Santa,
que podamos contemplar el sacrificio de Jesús en la cruz con el corazón abierto
y renovar nuestra entrega a Él con un espíritu de penitencia y amor.
A ti, que sabes lo que es sufrir por amor a los demás,
te pedimos que intercedas por nuestras familias y por la parroquia,
para que en este tiempo santo, podamos perdonarnos unos a otros
y vivir en paz, reconociendo que el sacrificio de Cristo es la fuente de nuestra salvación.
Santa Mónica, madre que nunca perdió la fe,
te pedimos que nos guíes para que, al caminar junto a Jesús en su pasión,
sepamos unir nuestros sacrificios a los de Él,
y que, como tú, podamos ser fuertes en la oración y en la esperanza.
Te pedimos, Santa Mónica, que nos enseñes a amar con generosidad y humildad,
como lo hiciste tú con tu hijo Agustín,
para que en estos días de la Semana Santa, podamos abrir nuestros corazones al arrepentimiento,
y vivir la Resurrección de Cristo con un alma renovada y dispuesta al perdón.
Que tu presencia nos acompañe durante esta Semana Santa,
y que, bajo tu manto protector, podamos vivir con mayor intensidad el misterio pascual.
Te pedimos que tu bendición llegue a cada uno de nosotros,
para que en todo momento busquemos la voluntad de Dios con amor y fe.
Santa Mónica, madre de perseverancia, ruega por nosotros.
En este tiempo santo, te pedimos que nos ayudes a caminar con Cristo hacia la cruz,
para que, al resucitar con Él, podamos alcanzar la paz y la vida eterna.
Amén.
Santa Mónica, madre de fe y esperanza,
en esta Navidad venimos ante ti con corazones llenos de gratitud y devoción.
Te pedimos que nos acompañes en la celebración del nacimiento de nuestro Salvador,
y que, con tu ejemplo de paciencia y amor incondicional,
nos ayudes a vivir esta época con un corazón abierto a la paz y la alegría de Cristo.
Santa Mónica, madre que supiste esperar con fe el cambio en la vida de tu hijo Agustín,
te pedimos que intercedas por nuestras familias y por todos los miembros de nuestra parroquia,
para que, en esta Navidad, podamos renovar nuestro amor y compromiso con Dios,
siguiendo el ejemplo de humildad y servicio que nos dio el Niño Jesús.
Que en esta Navidad, Santa Mónica,
aprendamos a vivir con generosidad y compasión,
como tú lo hiciste a lo largo de tu vida,
y que podamos compartir con los demás el verdadero espíritu navideño:
el amor, la esperanza y la paz que Cristo nos trajo al nacer en Belén.
Te pedimos, Santa Mónica, que nos ayudes a encontrar en el pesebre del Niño Jesús
un motivo de consuelo y de fortaleza para nuestras almas,
para que, en medio de las dificultades de la vida, nunca perdamos la fe en la promesa de salvación,
y podamos vivir con alegría la gracia de su nacimiento.
Santa Mónica, madre de oración y perseverancia,
te pedimos que guíes a nuestros corazones hacia un encuentro profundo con Cristo en esta Navidad.
Que, como tú, sepamos permanecer en oración, confiando en la voluntad de Dios,
y que, en cada momento, sigamos su ejemplo de amor sacrificado por los demás.
Te pedimos, Santa Mónica, que tu bendición nos cubra durante estos días festivos,
para que podamos vivir la Navidad con corazones puros y llenos de fe,
y que, con tu intercesión, podamos recibir las bendiciones del Niño Jesús,
quien nos trajo la paz, la luz y la vida eterna.
Santa Mónica, madre misericordiosa, ruega por nosotros en esta Navidad,
para que, bajo tu manto protector, podamos encontrar la verdadera paz en Cristo,
y celebrar con alegría y gratitud el don de su nacimiento.
Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
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