
Dirección: Av. Próceres Este s/n Urb. Los Precursores, Surco
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De lunes a sábado: 6 p.m., 7 p.m.
Domingo: 7: 00 am, 8 a.m., 10: 30 a.m., 6: 00 pm 7: 00 p.m.
Jueves: 7: 00 p.m. Comunitaria
De lunes a sábado: 6: 00 p.m.;
Domingo: media hora antes de cada misa.
Jueves: 5: 00 pm - 6: 00 pm
Oh Virgen del Carmen, Madre bondadosa y protectora de tus hijos, acudimos a Ti con humildad y esperanza. Desde lo más profundo de nuestros corazones, elevamos esta oración confiando en tu intercesión poderosa ante tu Hijo Jesús. Tú, que habitas en el monte santo, acógenos bajo tu manto.
Te pedimos, Madre del Carmelo, que derrames tu bendición sobre nuestras vidas, nuestras familias y nuestra comunidad. Guíanos con tu luz en medio de la oscuridad, fortalécenos en las pruebas y enséñanos a confiar en la voluntad de Dios con la serenidad con la que Tú aceptaste su llamado.
Protege con ternura a los niños, acompaña a los jóvenes en sus decisiones, da consuelo a los enfermos, y alivia a quienes sufren soledad o abandono. Que tu amor maternal abrace cada rincón de nuestra parroquia, llenándola de paz, unión y fe viva.
Nuestra Señora del Monte Carmelo, intercede por los sacerdotes, catequistas y servidores de nuestra parroquia, para que, con alegría y entrega, sigan anunciando el Evangelio. Que nunca falte entre nosotros la esperanza, ni la caridad que nos une como hermanos.
Bendice nuestros hogares, nuestras labores diarias, y nuestras intenciones más sinceras. Tú que conoces nuestras necesidades, preséntalas ante el trono del Altísimo, y haz que nuestras súplicas, unidas a tu maternal voz, encuentren respuesta según el amor del Padre.
A Ti, Madre del Escapulario, nos consagramos como feligreses de la Parroquia Nuestra Señora del Monte Carmelo de Santiago de Surco. Haznos fieles a tu Hijo, perseverantes en la oración, y generosos en el servicio a los demás. Que nuestro testimonio sea reflejo del amor que Tú nos inspiras.
Confiados en tu mirada compasiva, te decimos con amor: ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo. Amén.
Virgen Santísima del Monte Carmelo, en esta Semana Santa, cuando recordamos con profundo amor el sacrificio de tu Hijo por nuestra salvación, acudimos a Ti con el corazón contrito y lleno de esperanza. Tú que estuviste junto a la cruz, enséñanos a permanecer firmes en la fe.
Oh Madre Dolorosa, que sufriste en silencio el dolor del Calvario, acompáñanos en nuestros propios momentos de cruz. Danos fuerza para aceptar las pruebas con valentía, y que nunca olvidemos que el amor verdadero siempre pasa por la entrega y el sacrificio.
Te pedimos tu bendición sobre nuestras familias, sobre los enfermos, los que están solos, los que viven en angustia o desesperanza. Que tu ternura les consuele y tu intercesión les dé nuevas fuerzas para seguir caminando, con la mirada puesta en Cristo resucitado.
En estos días santos, transforma nuestros corazones. Que aprendamos de tu humildad, de tu obediencia y de tu silencio lleno de fe. Enséñanos a vivir la Semana Santa no solo como un recuerdo, sino como un encuentro real con el amor de Dios que se entrega por nosotros.
Madre del Monte Carmelo, protege a nuestra parroquia de Santiago de Surco. Guía a nuestros sacerdotes, a las familias, a los jóvenes y a los niños. Haz que cada uno, desde su realidad, descubra el llamado a vivir con amor, justicia y servicio.
Intercede por nosotros, Señora, para que la cruz no sea motivo de desesperación, sino camino hacia la vida eterna. Que tu presencia maternal nos acompañe hasta el amanecer de la Pascua, donde todo dolor se transforma en alegría y toda oscuridad en luz.
Los feligreses de la Parroquia Nuestra Señora del Monte Carmelo nos consagramos a Ti, Madre fiel. Acepta nuestra oración en esta Semana Santa y cúbrenos con tu manto de amor. Ruega por nosotros ahora y siempre, y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Madre del Monte Carmelo, en esta noche santa en que celebramos el nacimiento de tu Hijo Jesús, venimos ante Ti con alegría y gratitud. Tú, que llevaste en tu seno al Salvador del mundo, enséñanos a recibirlo con un corazón humilde y dispuesto.
Virgen llena de gracia, tu sí permitió que la Luz eterna habitara entre nosotros. Ayúdanos a decir también nuestro sí a Dios cada día, y a abrirle las puertas de nuestro hogar, de nuestras vidas y de nuestra parroquia.
Te pedimos, dulce Madre, que derrames tu bendición sobre cada familia en esta Navidad. Que haya paz donde hay conflicto, esperanza donde hay tristeza, y amor donde hay soledad. Que el Niño Jesús renazca en cada corazón.
Nuestra Señora del Monte Carmelo, intercede por todos los feligreses de nuestra parroquia de Santiago de Surco. Guíanos para que vivamos la Navidad no solo como una fiesta, sino como un verdadero encuentro con el Emmanuel, Dios con nosotros.
Bendice especialmente a los más necesitados, a los enfermos, a los niños sin familia, a los ancianos olvidados. Que nosotros, como Iglesia, seamos instrumentos de consuelo y manos generosas para compartir el amor que nace en el pesebre.
Que esta Navidad nos impulse a vivir como verdaderos discípulos de tu Hijo: sencillos, generosos y comprometidos con el bien. Que el ejemplo de tu vida nos inspire a ser portadores de la luz en medio del mundo.
Madre del Monte Carmelo, en esta noche santa, te consagramos nuestras vidas y te pedimos que nunca nos sueltes de tu mano. Acompáñanos siempre, y llévanos con tu ternura al encuentro diario con Jesús, nuestro Salvador. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
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