
Dirección: Jr. Neptuno 564 (Altura cuadra 16 Mariano Cornejo), Pueblo Libre.
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Amado Dios, fuente de vida y esperanza, nos postramos hoy ante tu presencia con corazones humildes y agradecidos. Te reconocemos como nuestro Padre, nuestro refugio en los momentos de angustia, y la luz que guía nuestro caminar.
Desde esta querida comunidad de la Parroquia La Encarnación en Pueblo Libre, elevamos nuestras voces para alabarte y darte gracias por cada día, por cada oportunidad de vivir en tu amor, y por el don de la fe que nos une como hermanos.
Señor, en medio de las dificultades y alegrías de nuestra vida diaria, te pedimos que no apartes tu mirada de nosotros. Bendice a cada familia, a cada niño, joven, adulto y anciano de nuestra comunidad. Que tu paz habite en nuestros hogares y que tu amor sea nuestro escudo y fortaleza.
Derrama, Señor, tu bendición sobre nuestros sacerdotes, servidores, catequistas y todos los que con entrega trabajan para que tu Evangelio llegue a más corazones. Fortalece su fe, renueva su espíritu y colma sus vidas con tu gracia.
Te pedimos también por nuestro Perú, por sus autoridades y por todos aquellos que sufren a causa de la injusticia, la pobreza o la enfermedad. Que tu mano poderosa los consuele, los sane y los levante. Ayúdanos a ser instrumentos de tu misericordia.
Padre bueno, enséñanos a vivir como verdaderos discípulos de tu Hijo Jesucristo, con corazones generosos, dispuestos a amar, perdonar y servir. Que nuestro testimonio sea luz en este mundo y que nunca nos apartemos de tu camino.
Con fe y esperanza te confiamos nuestras vidas, Señor. Que tu bendición descienda sobre esta parroquia y sobre cada uno de tus hijos. Todo te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Hijo amado, y bajo la intercesión de la Virgen María. Amén.
Señor Dios nuestro, en esta Semana Santa nos acercamos a Ti con el corazón conmovido por el misterio de tu amor infinito. Recordamos con profunda gratitud la entrega de tu Hijo Jesucristo, que aceptó la cruz por nuestra salvación.
Padre de misericordia, te damos gracias por este tiempo sagrado que nos invita a reflexionar, a convertirnos y a renovar nuestra fe. En el silencio del Calvario comprendemos cuánto nos amas y cuánto valor tiene cada vida para Ti.
Te pedimos, Señor, que esta Semana Santa no pase como un simple recuerdo, sino como una verdadera experiencia de encuentro contigo. Que podamos acompañarte con el corazón en cada paso de tu pasión, muerte y resurrección.
Bendice, Señor, a nuestra comunidad de la Parroquia La Encarnación – Pueblo Libre. Fortalece nuestra unidad, renueva nuestro compromiso cristiano y haz que este tiempo santo nos transforme en testigos vivos de tu amor.
Mira con compasión a quienes hoy sufren, a los que están solos, a los enfermos, a los que han perdido la esperanza. Que la cruz de Cristo les recuerde que no están solos, y que tu victoria sobre la muerte es también promesa para ellos.
Concédenos la gracia de vivir estos días con recogimiento, oración y caridad. Que tu Espíritu Santo nos acompañe en este camino hacia la Pascua, para que podamos resucitar contigo a una vida nueva, llena de luz y de fe.
Con humildad y confianza nos encomendamos a Ti, Señor. Que tu bendición descienda sobre nosotros, sobre nuestras familias y sobre todo el pueblo de Dios. Por Cristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Señor Dios de amor, en esta santa Navidad nos postramos ante Ti con alegría en el corazón, para contemplar el gran misterio de tu encarnación. Has querido nacer entre nosotros como un niño frágil, humilde y lleno de luz. ¡Gracias por venir a salvarnos!
Te alabamos, Padre bueno, porque nos regalaste a tu Hijo Jesús, el Príncipe de la Paz, la Palabra hecha carne, la esperanza que no defrauda. En Belén se encendió una luz que nunca se apagará, y nosotros hoy la recibimos con fe.
Te pedimos, Señor, que la luz de tu nacimiento ilumine cada rincón de nuestra comunidad. Que en la Parroquia La Encarnación – Pueblo Libre vivamos esta Navidad no como una costumbre, sino como un verdadero renacer espiritual.
Derrama tu bendición sobre nuestras familias, sobre los niños que esperan con ilusión, sobre los ancianos que oran en silencio, sobre los que viven en soledad o tristeza. Que nadie se sienta excluido de tu amor en esta noche santa.
Ayúdanos, Señor, a preparar un pesebre en nuestro corazón. Que lo limpiemos con el perdón, lo adornemos con la humildad, y lo llenemos con obras de caridad. Que podamos reconocerte en el rostro del hermano que sufre o del que necesita consuelo.
Bendice a nuestros sacerdotes, a los servidores de la parroquia, y a todos los que con fe y dedicación anuncian tu nacimiento con gestos sencillos pero profundos. Que esta Navidad renueve la esperanza de nuestra Iglesia y fortalezca la fe de nuestro pueblo.
Con María, tu Madre, y San José, te adoramos con gozo, Niño Dios. Que tu bendición descienda sobre nosotros, sobre nuestras casas, sobre nuestra patria y sobre el mundo entero. Gloria a Ti, Señor, por los siglos de los siglos. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
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