
Dirección: Calle Manco Cápac 202-A, Rímac
Telf. 481-8380
Lunes a sábado: 6:45am, 9:00am, 7:00pm, 8:00pm | Miércoles: 6:45am | Jueves: 6:00pm, 7:00pm
Domingo: 7:00am, 9:00am, 11:00am, 7:00pm
Domingo durante las Misas.
Jueves 7:00 pm.
Santa Madre de Dios, Virgen María, Reina y Señora de los Ángeles, en este día venimos ante Ti, humildes y confiados, buscando Tu protección y bendición. Tú, que eres refugio de los pecadores y consuelo de los afligidos, acoge nuestras súplicas y ruega por nosotros ante el trono de Tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Madre querida, en Tu mirada llena de amor y misericordia encontramos la paz que tanto necesitamos. Te pedimos que derrames Tu bendición sobre cada uno de los feligreses de nuestra Parroquia Nuestra Señora de Los Ángeles en el Rímac. Que Tu luz nos guíe por el camino de la fe, la esperanza y la caridad.
Tú, que con Tu intercesión has concedido tantos favores a quienes Te han invocado con fervor, te rogamos que sigas siendo nuestro amparo y fortaleza en los momentos de prueba. Que Tu manto protector nos cubra, especialmente en tiempos de enfermedad, sufrimiento y angustia.
Madre amorosa, venimos a Ti también para agradecerte por todas las bendiciones que has derramado sobre nosotros. Gracias por Tu amor constante y por ser siempre nuestra intercesora ante el Señor. Te pedimos que continúes guiándonos con Tu infinita sabiduría y amor maternal.
Hoy, con el corazón lleno de gratitud, te pedimos que bendigas a cada miembro de nuestra comunidad parroquial. Que los enfermos reciban Tu consuelo, los débiles fortaleza, y los que viven en oscuridad, la luz de Tu Hijo.
Nuestra Señora de Los Ángeles, Te pedimos que sigas siendo la protectora de nuestra parroquia, y que nunca falte en nosotros la fe para confiar en Tu ayuda en todos los momentos de nuestra vida. Ayúdanos a vivir siempre en Tu amor y a ser reflejo de Tu bondad en el mundo.
Te entregamos nuestras vidas, nuestras familias y nuestras intenciones. Que Tu bendición descienda sobre todos nosotros, ahora y siempre. Amén.
Madre Santísima de los Ángeles, en esta Semana Santa nos acercamos a Ti con el corazón lleno de devoción y gratitud. En los días sagrados en que recordamos el sacrificio de Tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, queremos ser fieles a su ejemplo y sentir la presencia de Tu amor maternal guiándonos en nuestro caminar hacia la cruz.
Virgen María, madre de los redimidos, intercede por nosotros en estos días de reflexión y penitencia. Ayúdanos a vivir con la misma fe y esperanza con que Tú acompañaste a Jesús en su Pasión. Que podamos unir nuestros sacrificios a los de Tu Hijo para obtener la gracia de la salvación.
Te pedimos, Santa Madre, que en este tiempo de recogimiento nos concedas un corazón contrito y arrepentido. Que, al recordar la pasión y muerte de Jesús, nos sintamos llamados a la conversión y a una vida nueva en Cristo, siendo testigos de su amor y perdón.
Madre de la Misericordia, te rogamos que nos protejas de todo mal durante esta Semana Santa. Que, bajo Tu manto protector, podamos enfrentar las dificultades y tentaciones con la fortaleza que sólo Tú, como nuestra madre celestial, puedes brindarnos.
Acompáñanos, querida Virgen, en cada paso de este recorrido hacia la Resurrección. Que al vivir la Pasión de Cristo, aprendamos a cargar con nuestra cruz, confiando siempre en el poder redentor de Su sacrificio.
En esta Semana Santa, pedimos especialmente por nuestra Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles en el Rímac. Que Tu bendición descienda sobre todos los feligreses, que podamos vivir este tiempo santo con corazones renovados, en oración y penitencia, y que experimentemos el gozo de la resurrección de Tu Hijo.
Madre bendita, consíguenos de Tu Hijo la gracia de vivir en paz, esperanza y caridad. Que la luz de la Pascua de Resurrección ilumine nuestras vidas y nos fortalezca para seguir siendo fieles seguidores de Cristo. Amén.
Madre Santa de los Ángeles, en esta Nochebuena, venimos a Ti con corazones llenos de gratitud y alegría por el nacimiento de Tu Hijo, nuestro Salvador, Jesús. En este tiempo de Navidad, queremos reconocer Tu amor maternal, que nos guía con ternura hacia la luz de Cristo, el Rey de la paz y la esperanza.
Virgen María, Tú que en Tu humildad y amor acogiste al Niño Jesús en Tu seno, ayúdanos a recibirlo en nuestros corazones. Que, como Tú, podamos abrir nuestras vidas a Su amor redentor, permitiendo que Su paz y Su gracia transformen nuestros pensamientos, palabras y acciones.
Te pedimos, Madre amada, que en esta Navidad derrames Tu bendición sobre todos los feligreses de nuestra Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles en el Rímac. Que, bajo Tu manto protector, todos experimentemos la alegría del nacimiento del Salvador y nos unamos en comunidad, celebrando con gozo el don de la vida y de la fe.
Santa Madre, en esta noche santa, te pedimos que nos enseñes a ser como Tú: dóciles al Espíritu Santo, generosos en el amor, y siempre dispuestos a servir a los demás. Que el ejemplo de Tu humildad y Tu fe nos inspire a vivir este tiempo de Navidad con una verdadera conversión de corazón.
En este tiempo de alegría, también te pedimos por los más necesitados: por los enfermos, los pobres, los que sufren soledad o tristeza, y por todos aquellos que no pueden celebrar esta Navidad con paz en su corazón. Que Tu maternal intercesión les traiga consuelo y esperanza.
Nuestra Señora de los Ángeles, te pedimos que bendigas nuestras familias, nuestros hogares y nuestros proyectos. Que, en cada gesto de amor y fraternidad, podamos reflejar la luz de Tu Hijo, que nació en Belén para redimir al mundo. Que en cada Navidad renueve nuestra fe y nos llene de esperanza.
Gracias, Madre de los Ángeles, por tu protección y amor constantes. Que el niño Jesús, nacido en Belén, nos dé la gracia de vivir en Su paz, alegría y amor, y que siempre podamos buscar refugio en Ti, nuestra intercesora. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
Miraflores
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