
Dirección: Av. Los Precursores 501, Maranga, San Miguel
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De lunes a viernes: 7 am.; 6: 00 pm, 7: 00 p.m y 8: 00 pm
Sábados: 7: 00 am, 6: 00 pm, 7: 00 pm, 8: 30 pm
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durante cada misa.
Lunes a viernes 8: 00 am a 1: 00 pm y de 4: 00 a 8: 00 pm
Glorioso San Miguel Arcángel, defensor celestial y príncipe de la milicia celestial, acudimos a ti con humildad y fe desde nuestra querida Parroquia San Miguel Arcángel, en el distrito de San Miguel. Con corazones abiertos y llenos de esperanza, elevamos nuestra voz en oración para pedir tu presencia poderosa y tu guía constante en nuestras vidas.
Tú que venciste al mal con la fuerza del bien, protégenos de todo peligro, de toda sombra de oscuridad y de toda tentación que pueda alejarnos del amor de Dios. Cubre con tus alas a cada familia de nuestra comunidad, y guárdanos en la luz de la verdad y la justicia.
San Miguel Arcángel, bendice nuestro caminar diario, nuestras decisiones, nuestras palabras y nuestras acciones. Haz que cada paso que demos sea firme y recto, dirigido hacia la voluntad del Señor. Ayúdanos a ser testigos valientes del Evangelio y servidores fieles de la Iglesia.
Mira con compasión a los enfermos, a los que sufren, a los que están solos y a quienes han perdido la fe. Te pedimos que intercedas por ellos, que les des fortaleza y que no se sientan nunca abandonados, porque tú eres consuelo en la batalla y luz en medio del dolor.
Bendice a nuestros sacerdotes, ministros y a todos los que sirven con entrega en nuestra parroquia. Que su ejemplo nos inspire a vivir con mayor entrega, humildad y amor, buscando siempre construir una comunidad unida en Cristo.
San Miguel Arcángel, protector del pueblo de Dios, te pedimos que nos ayudes a mantenernos firmes en la fe, a resistir las pruebas y a vivir con esperanza. Que tu espada de justicia defienda nuestra parroquia y que tu presencia nos anime a no temer ante las adversidades.
Finalmente, te pedimos que derrames tu bendición sobre todos los feligreses de la Parroquia San Miguel Arcángel del distrito de San Miguel. Sé nuestro guardián incansable y condúcenos siempre hacia el corazón del Padre, por Cristo nuestro Señor. Amén.
Señor Jesús, en este tiempo de Semana Santa nos acercamos a Ti con corazones contritos, agradecidos por tu sacrificio y amor infinito. En cada paso que diste hacia la cruz, vemos reflejada tu misericordia y tu entrega por nuestra salvación. En esta Semana Santa, los feligreses de la Parroquia San Miguel Arcángel del distrito de San Miguel te pedimos que renueves nuestra fe y nos acompañes en este camino hacia la Pascua.
Te veneramos, Señor, por tu pasión y tu muerte, y reconocemos que en ese sacrificio encontraste la plenitud del amor. Te pedimos que nos ayudes a vivir con la misma generosidad y entrega con la que Tú te entregaste por nosotros, y que, al meditar en tu pasión, aprendamos a cargar nuestras propias cruces con esperanza y amor.
Te damos gracias, Señor, por el don de la redención, que nos da fuerza en los momentos de dificultad. Permite que, a través de esta Semana Santa, podamos profundizar en el misterio de tu cruz, encontrar consuelo en tus sufrimientos y experimentar la transformación que viene del perdón y la reconciliación.
Señor Jesús, que al morir en la cruz nos mostraste que no hay mayor amor que el de dar la vida por los demás. En este tiempo sagrado, te pedimos que nos ayudes a vivir más plenamente esa llamada al amor sacrificado, a perdonar como Tú nos perdonas y a servir a nuestros hermanos con generosidad y humildad.
Te pedimos también por todos los que sufren en el cuerpo y en el alma. Que el dolor de tu cruz se convierta en consuelo para aquellos que están enfermos, afligidos o solitarios. Que en esta Semana Santa, experimenten el poder sanador de tu presencia y encuentren en Ti la paz que el mundo no puede dar.
Señor, bendice a nuestra parroquia, a nuestros sacerdotes y a todos los que participan en las celebraciones de esta Semana Santa. Que nuestra fe sea renovada y fortalecida por la meditación de tu pasión, y que, al celebrar tu resurrección, podamos vivir con una esperanza renovada que nos impulse a llevar tu luz al mundo.
Finalmente, Señor, te pedimos que esta Semana Santa sea para todos nosotros un tiempo de conversión y de unión más profunda con Ti. Que, al recordar tu sacrificio, experimentemos la alegría de tu resurrección y, así, seamos testigos del amor que vence la muerte y nos da la vida eterna. Amén.
Señor Jesús, en esta Navidad nos postramos ante ti con corazones llenos de gratitud y esperanza. Al conmemorar tu nacimiento en un humilde pesebre, nos recordamos del inmenso amor de Dios que se hace presente en el mundo para redimirnos. Los feligreses de la Parroquia San Miguel Arcángel del distrito de San Miguel te pedimos que derrames tu paz y bendición sobre nuestras familias y toda nuestra comunidad.
Hoy, Señor, celebramos tu llegada, el Verbo hecho carne, la luz que ilumina las tinieblas del mundo. Te pedimos que esta Navidad sea un tiempo de reflexión sobre el verdadero sentido de tu nacimiento, para que podamos comprender más profundamente el misterio del amor divino que, siendo grande, se hizo pequeño para abrazar a toda la humanidad.
Que el amor que nos traes en tu venida se extienda en nuestros corazones, Señor. Ayúdanos a ser portadores de tu paz y esperanza, a vivir la alegría del Evangelio en cada palabra, en cada acción, y en cada gesto de generosidad hacia los demás. Que la Navidad nos impulse a vivir con mayor bondad y compasión, especialmente hacia los más necesitados.
Señor Jesús, al celebrar tu nacimiento, queremos que tu luz brille en nuestras vidas, disipando la oscuridad del egoísmo, el miedo y la indiferencia. Que, como los pastores, podamos acercarnos con humildad y adoración a tu presencia, reconociéndote como el Salvador que ha venido a traernos la verdadera paz.
Te pedimos, Señor, por todos aquellos que en esta Navidad viven en soledad, en el dolor o en la pobreza. Que tu nacimiento sea para ellos un consuelo, un abrazo de esperanza y una invitación a experimentar la cercanía de tu amor. Que todos, sin excepción, sintamos la calidez de tu presencia y nos reconozcamos como parte de tu familia divina.
Bendice, Señor, a nuestra parroquia y a todos sus miembros. Que este tiempo de Navidad nos ayude a renovar nuestro compromiso contigo, a fortalecer nuestra fe y a vivir como verdaderos discípulos tuyos. Que la alegría de tu nacimiento inunde nuestros corazones y nos impulse a llevar tu mensaje de salvación a todos los rincones de nuestra comunidad.
Finalmente, Señor, te pedimos que, al celebrar tu venida a este mundo, nos prepares para recibirte en nuestras vidas y corazones cada día, no solo en Navidad, sino siempre. Que tu paz reine en nuestras familias y que, al vivir como testigos de tu amor, podamos experimentar la verdadera dicha de ser tus hijos. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
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