
Dirección: Calle Cusco Esq. con calle Tacna, Urb. Santa Patricia, La Molina
Telf. 349-2291
De lunes a viernes: 7: 00 p.m.
Sábado: 6: 00 p.m.
Domingo: 7: 30 am y 10: 30 a.m.; 12: 00 m.; 6: 00 pm y 7: 30 p.m.
de lunes a viernes a las 6: 30 p.m. y domingo durante la Misa.
Capilla de adoración (Oratorio) De lunes a Domingo de 7: 00 am a 12: 00 m y de 3: 00 pm a 9: 30 pm (excepto días feriados).
Glorioso San Pablo de la Cruz, fiel servidor de Cristo crucificado, hoy nos acercamos a ti con humildad y devoción, rogándote que intercedas por nosotros ante el trono celestial. Tú que viviste con profundo amor el misterio de la Pasión de nuestro Señor, enséñanos a encontrar consuelo en sus heridas y fortaleza en su sacrificio.
Bendice, amado santo, a nuestra comunidad de la Parroquia San Pablo de la Cruz, para que permanezca unida en la fe, la esperanza y la caridad. Que nuestro amor por Dios y por los demás sea siempre reflejo de tu testimonio de vida, lleno de compasión y entrega.
Te pedimos que intercedas por nuestras familias, para que sean hogares de paz y amor donde reine la presencia de Cristo. Que podamos superar juntos las pruebas que enfrentamos, confiando en la providencia divina que nunca nos abandona.
San Pablo de la Cruz, tú que fuiste elegido para proclamar el poder redentor de la cruz, danos la gracia de vivir con gratitud y confianza en los momentos de sufrimiento, sabiendo que todo dolor ofrecido con fe se transforma en salvación.
Ruega por nosotros, para que seamos instrumentos de paz en un mundo dividido, testigos valientes del amor de Dios y mensajeros de su misericordia infinita. Llénanos de tu fervor por la evangelización, para que llevemos la luz de Cristo a quienes más lo necesitan.
Acompaña especialmente a los más vulnerables y necesitados de nuestra comunidad, que a través de tu intercesión sientan el abrazo consolador de nuestro Padre celestial. No permitas que el desánimo nos venza y fortalece nuestra fe en el poder de la oración.
San Pablo de la Cruz, patrón y protector nuestro, te encomendamos nuestras vidas y nuestros proyectos, para que, guiados por tu ejemplo, lleguemos un día a compartir la gloria eterna con Cristo en el cielo. Amén.
Amado San Pablo de la Cruz, contemplador incansable de los misterios de la Pasión de nuestro Señor, en esta Semana Santa venimos a ti con el corazón lleno de gratitud y esperanza. Ayúdanos a vivir estos días santos con una fe renovada, meditando en el sacrificio redentor de Cristo que nos da vida nueva.
Te pedimos que bendigas a nuestra comunidad de la Parroquia San Pablo de la Cruz, para que este tiempo de reflexión y oración nos una más profundamente en el amor de Dios. Que nuestras celebraciones sean un verdadero testimonio de fe, que inspire a otros a acercarse al corazón de Cristo.
Oh glorioso santo, intercede por nosotros para que en cada sufrimiento y prueba que enfrentemos podamos unirnos al sacrificio del Salvador. Enséñanos a abrazar la cruz con humildad y confianza, viendo en ella el camino hacia la redención y la victoria eterna.
Bendice a nuestras familias, para que sean un reflejo del amor sacrificado y puro que se vive en el misterio de la cruz. Haz que encontremos en Cristo crucificado la fuerza para perdonar, amar y perseverar en nuestra fe en medio de las adversidades.
San Pablo de la Cruz, tú que enseñaste a vivir la Pasión como el más grande acto de amor, ayúdanos a no quedarnos solo en el dolor, sino a descubrir la alegría y esperanza que brotan de la Resurrección. Que este tiempo santo transforme nuestras vidas y nos haga auténticos discípulos de Jesús.
Te rogamos también por los más necesitados, los que están lejos de la fe, y aquellos que sufren en cuerpo o espíritu. Que puedan encontrar consuelo en el abrazo de Cristo crucificado y, por tu intercesión, sientan la misericordia de Dios en sus corazones.
Acompáñanos en este camino hacia la Pascua, para que, al final de esta Semana Santa, podamos vivir con gozo la Resurrección de nuestro Señor, llenos de gratitud por su amor infinito. San Pablo de la Cruz, ruega por nosotros ahora y siempre. Amén.
Glorioso San Pablo de la Cruz, contemplador del misterio del amor de Dios, en esta Navidad venimos a ti con corazones llenos de esperanza y gratitud. Te pedimos que intercedas por nosotros ante el Niño Jesús, cuya humildad y ternura nos enseñan el verdadero significado de la redención.
Bendice, amado santo, a nuestra comunidad de la Parroquia San Pablo de la Cruz, para que vivamos esta Navidad en unidad y paz, reconociendo en el pesebre la grandeza de un Dios que se hizo pequeño por amor a nosotros. Inspíranos a abrir nuestro corazón al Salvador, dejando que Él transforme nuestras vidas con su luz.
Oh intercesor fiel, enséñanos a vivir el misterio de la Encarnación con el mismo fervor con el que viviste la Pasión de Cristo. Que aprendamos a amar como Jesús nos ama, y a reconocer su presencia en cada hermano, especialmente en los pobres, los solitarios y los que sufren.
Te pedimos que bendigas a nuestras familias en este tiempo de alegría, para que sean hogares llenos de amor, perdón y reconciliación. Ayúdanos a compartir la luz de la Navidad con quienes nos rodean, siendo testigos vivos del amor de Dios en el mundo.
San Pablo de la Cruz, tú que predicaste la grandeza del sacrificio de Cristo, guíanos para que esta Navidad no se quede solo en celebraciones externas, sino que sea una auténtica renovación de nuestra fe, un renacer espiritual junto al Niño Dios.
Ruega por los más vulnerables de nuestra comunidad y del mundo entero, para que la paz y la esperanza de esta santa noche lleguen a cada rincón de la tierra. Que ningún corazón quede ajeno al amor infinito que irradia del pesebre de Belén.
En esta Navidad, ayúdanos a vivir con gratitud el regalo de la salvación y a preparar nuestras almas para recibir al Señor con gozo y humildad. San Pablo de la Cruz, intercede por nosotros y acompáñanos siempre en nuestro camino hacia Cristo. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
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