
Dirección: Los Pinos 291, Urb. Camacho, La Molina.
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Correo: [email protected]
Lunes 6: 00 pm
Martes a Viernes : 7: 00 am, 6: 00 pm,
Sábado 6: 00 pm,
Domingo: 8: 00 am , 9: 15 am, 10: 30 am, 12: 00, 6: 00 pm, 7: 30 pm
Martes y Miércoles 5: 30 pm -7: 30 pm
Jueves 5: 30pm -10: 00 pm
Viernes 5: 30 pm- 7: 00 pm
Sábado y Domingo durante las misas
Jueves 6: 30 pm-10: 00 pm
Templo
Primer Jueves de cada mes, Vigilia al Santísimo toda la noche
Capilla de Adoración (Oratorio)
Horario
Lunes: 5: 00 pm-10: 00 pm,
Martes, Miércoles , Viernes 8: 00 am- 9: 00 pm
Jueves 8: 00 am-7: 00 pm
Sábado 9: 00 am-9: 00 pm
Domingo 8: 00 am-1: 00 pm y 5: 00 pm- 9: 00 pm
Madre amorosa, Nuestra Señora de la Reconciliación, venimos a Ti con humildad, confiando en Tu intercesión divina. Tú que eres refugio de los pecadores y guía de los corazones, extiende Tu manto de amor sobre nosotros, tus hijos, y bendícenos con la paz que solo proviene de Dios.
Tú, que conoces nuestras luchas y debilidades, ayúdanos a reconciliarnos primero con el Señor, quien nos llama constantemente a su misericordia. Enséñanos a abrir nuestro corazón al perdón, tanto para recibirlo como para otorgarlo, siguiendo Tu ejemplo de ternura y compasión.
Te pedimos, Madre Santísima, que bendigas nuestras familias y comunidades, para que vivamos en unidad y armonía. Que los lazos de amor que nos unen se fortalezcan y superen cualquier división. Haznos portadores de paz y testigos de la esperanza en un mundo necesitado de reconciliación.
Nuestra Señora de la Reconciliación, tú que estuviste siempre cercana a Jesús, ayúdanos a escuchar Su voz en medio del ruido de nuestras vidas. Que podamos caminar confiados por el sendero de la fe, con la certeza de que Tú nos acompañas en cada paso.
Madre, inspira en nosotros el deseo de buscar la verdad y la justicia. Que podamos vivir como instrumentos de reconciliación en nuestras acciones diarias, promoviendo el entendimiento entre hermanos y construyendo puentes donde otros ven muros.
Bendice especialmente a los feligreses de esta Parroquia, que llevan Tu nombre con devoción. Te pedimos que los guíes en su misión de ser luz en sus hogares, su trabajo y su comunidad. Llénalos de fortaleza, alegría y fe para seguir adelante en Tu servicio.
Confiados en Tu maternal intercesión, colocamos en Tus manos nuestras intenciones y preocupaciones. Madre querida, Nuestra Señora de la Reconciliación, ruega por nosotros y condúcenos siempre hacia el abrazo misericordioso de Tu Hijo, nuestro Señor Jesús. Amén.
Madre de la Reconciliación, en esta Semana Santa volvemos nuestros corazones a Ti, que caminaste junto a Jesús en su Pasión. Tú que permaneciste fiel al pie de la cruz, enséñanos a vivir este tiempo santo con humildad y entrega, contemplando el infinito amor de tu Hijo por nosotros.
Te pedimos, Madre querida, que nos ayudes a reconciliarnos con Dios, dejando atrás el pecado y las heridas que nos alejan de su gracia. Que el sacrificio de Cristo en la cruz renueve en nosotros el deseo de vivir como verdaderos hijos del Padre, siguiendo el camino de la conversión.
Llena nuestras familias y comunidades de tu paz, oh Madre. Que durante esta Semana Santa vivamos la unidad que brota del perdón y del amor mutuo, recordando que somos llamados a ser un reflejo del amor misericordioso de Dios en el mundo.
Madre de los dolores, intercede por nosotros para que sepamos cargar nuestras cruces con fe y esperanza. Ayúdanos a unir nuestros sufrimientos a los de tu Hijo, ofreciendo todo al Padre como un acto de amor y redención por nosotros y por el mundo entero.
En este tiempo de profunda reflexión, inspíranos a renovar nuestra fe y a ser agentes de reconciliación en nuestros entornos. Que podamos tender la mano al hermano que sufre, al corazón herido y a quienes buscan el perdón, mostrando el rostro compasivo de Cristo.
Bendice a los feligreses de esta Parroquia que lleva Tu nombre, Nuestra Señora de la Reconciliación. Que vivan esta Semana Santa con un espíritu de entrega total al Señor, celebrando la victoria de la cruz y la esperanza de la resurrección.
Oh Madre Santísima, guía nuestro caminar hacia la Pascua, para que podamos resucitar con Cristo a una nueva vida. Ruega por nosotros, para que seamos testigos del amor y la reconciliación que brotan del corazón de tu Hijo, nuestro Salvador. Amén.
Madre de la Reconciliación, en esta Navidad venimos ante Ti con corazones agradecidos, contemplando el milagro del nacimiento de Jesús, nuestro Salvador. Tú, que llevaste en Tu seno al Príncipe de la Paz, enséñanos a acogerlo con amor y humildad en nuestras vidas.
Te pedimos, Madre querida, que intercedas por nosotros en este tiempo de alegría y esperanza. Ayúdanos a reconciliarnos con Dios, abriendo nuestro corazón a su misericordia, para que la luz de Cristo ilumine nuestras vidas y disipe toda oscuridad.
Llena nuestros hogares de paz, unidad y amor, oh Madre. Que esta Navidad sea un tiempo para sanar heridas, fortalecer lazos familiares y vivir en la armonía que brota del amor verdadero. Enséñanos a perdonar y a recibir el perdón con un corazón humilde.
Nuestra Señora de la Reconciliación, ayúdanos a vivir esta Navidad siguiendo el ejemplo de tu Hijo. Que podamos ser portadores de esperanza y consuelo para quienes sufren, compartiendo con generosidad los dones que hemos recibido.
Guíanos a celebrar con fe el nacimiento de Jesús, recordando que Él vino al mundo para reconciliarnos con el Padre y mostrarnos el camino de la salvación. Haznos instrumentos de paz en nuestras palabras y acciones, construyendo puentes donde hay divisiones.
Bendice especialmente a los feligreses de esta Parroquia que lleva Tu nombre. Que vivan esta Navidad como un tiempo de renovación espiritual, creciendo en fe y amor, y siendo testigos de la alegría que trae el Emmanuel, Dios con nosotros.
Oh Madre Santísima, Nuestra Señora de la Reconciliación, ruega por nosotros. Que esta Navidad transforme nuestros corazones, para que vivamos siempre como hijos amados del Padre, guiados por la luz de Tu Hijo, nuestro Señor Jesús. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
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