
Dirección: República Dominicana 458, Jesús María.
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Lunes a viernes: 7:00am, 8:00am, 6:00pm, 7:00pm, 8:00pm
Sábado: 7:00am, 8:00am, 9:00am
Domingo: 7:00am, 8:30am, 10:00am, 11:30am, 1:00pm, 6:00pm, 7:30pm
Después de cada misa.
Jueves 5.00pm
Oh glorioso San José,
protector fiel de la Sagrada Familia, acudimos a ti con humildad y esperanza. Tú, que fuiste escogido por Dios para ser el guardián de Jesús y esposo de la Virgen María, guía también nuestras vidas para que sigamos el camino de la fe y la rectitud. Bendice a nuestra comunidad y fortalece nuestra unión como hermanos en Cristo.
San José, modelo de trabajo y dedicación, intercede por nosotros para que nuestras labores diarias sean ofrendas agradables a Dios. Danos la gracia de realizar nuestras tareas con amor y responsabilidad, siempre buscando el bien común y glorificando al Padre Celestial.
Padre bondadoso, que supiste acoger la voluntad de Dios con fe inquebrantable, ayúdanos a discernir Su voluntad en nuestras vidas. Ilumina nuestras mentes y corazones para tomar decisiones sabias y justas, y nunca apartarnos de Su amor infinito.
Custodio del Redentor, protege a nuestras familias como protegiste a la Sagrada Familia en Nazaret. Llénalas de paz, armonía y amor, alejando toda discordia y dificultad. Que nuestros hogares sean reflejo de la bondad divina y lugares donde reine la presencia de Dios.
San José, refugio de los afligidos, consuela a quienes atraviesan dificultades y prueba. Infunde valor a los enfermos, fortaleza a los débiles y esperanza a los desanimados. Haz que nunca falte en nuestra comunidad la fe que nos sostiene en medio de las adversidades.
Príncipe de los santos, inspira en nosotros el espíritu de humildad y obediencia que te caracterizó. Enséñanos a confiar en el plan de Dios, incluso cuando no comprendamos sus designios, y a permanecer fieles a Él con alegría y perseverancia.
Finalmente, querido San José, te pedimos que bendigas nuestra Parroquia, sus sacerdotes, servidores y fieles. Que juntos podamos construir un templo vivo, lleno de fe, esperanza y caridad, donde el nombre de Jesús sea glorificado por siempre. Amén.
Oh glorioso San José,
en esta Semana Santa nos dirigimos a ti, fiel servidor de Dios, para que intercedas por nosotros en estos días de reflexión y penitencia. Tú, que viviste en comunión con el misterio de la redención, guíanos a meditar con humildad y amor el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo.
San José, protector de la Sagrada Familia, acompaña a nuestras familias en este tiempo santo. Enséñanos a vivir en unidad y en paz, recordando que en el amor y el servicio a los demás reflejamos el amor de Cristo que entregó su vida por nosotros.
Padre adoptivo del Redentor, ayúdanos a comprender la profundidad del misterio de la cruz. Danos la gracia de aceptar nuestras propias cruces con fe y valentía, sabiendo que el sufrimiento ofrecido a Dios se transforma en bendición y salvación.
Fiel discípulo de la voluntad divina, guíanos en este camino de conversión. Como tú obedeciste sin reservas el plan de Dios, ayúdanos a entregarnos plenamente a su amor y a vivir estos días santos con un corazón contrito y agradecido.
Oh San José, espejo de paciencia y fortaleza, intercede por quienes viven en dolor o desesperanza. Que puedan encontrar consuelo y esperanza en la pasión, muerte y resurrección de Cristo, nuestro Salvador. Sé luz para los que caminan en la oscuridad y paz para los corazones atribulados.
Glorioso custodio de Jesús, inspira en nuestra comunidad un espíritu de servicio y entrega, para que en este tiempo santo sepamos reconocer el rostro de Cristo en los pobres, los necesitados y los que sufren. Que nuestras acciones sean reflejo de la caridad y misericordia de nuestro Señor.
Finalmente, querido San José, bendice a nuestra Parroquia en esta Semana Santa. Que podamos vivir este tiempo con devoción profunda, renovando nuestra fe y preparándonos con gozo para celebrar la gloria de la resurrección. Amén.
Oh glorioso San José,
en esta bendita Navidad nos dirigimos a ti, guardián fiel de Jesús y María, para que intercedas por nosotros en este tiempo de gozo y esperanza. Tú, que cuidaste con amor el nacimiento del Salvador, acompáñanos para que nuestros corazones sean un pesebre humilde donde Cristo pueda nacer.
San José, protector de la Sagrada Familia, bendice a nuestras familias en esta Navidad. Llénalas de paz, unidad y amor, para que vivamos este misterio santo como verdaderos hijos de Dios. Ayúdanos a ser portadores de luz y esperanza en un mundo que anhela la paz del Niño Dios.
Padre adoptivo del Redentor, enséñanos a vivir esta Navidad con gratitud y humildad, recordando que Jesús, siendo Rey de Reyes, se hizo pequeño por amor a nosotros. Que aprendamos a valorar lo simple, a compartir con los demás y a vivir en comunión con el prójimo.
Oh San José, modelo de fe y obediencia, guíanos a contemplar el milagro del nacimiento de Cristo con ojos llenos de fe. Así como tú aceptaste con valentía y confianza el plan divino, ayúdanos a acoger la voluntad de Dios en nuestras vidas.
Fiel protector, que cuidaste de Jesús con ternura y dedicación, intercede por los que más sufren en esta Navidad: los pobres, los enfermos, los que están solos y los que no tienen un hogar. Que encuentren en el Niño Dios consuelo, esperanza y fortaleza.
San José, ejemplo de trabajo y servicio, inspíranos a vivir este tiempo con generosidad. Que sepamos compartir nuestros dones con alegría, siendo reflejo del amor de Cristo, que se dio por completo a la humanidad.
Finalmente, querido San José, bendice a nuestra Parroquia en esta Navidad. Que seamos una comunidad llena de fe y amor, capaces de anunciar con nuestras vidas la buena nueva del nacimiento del Salvador. Que en nuestros hogares y corazones resuene siempre el canto de los ángeles: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
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