
Dirección: Calle Guillermo Marconi 160, San Isidro
Teléfono: (01) 4401035
Lunes a viernes: 8:00am, 7:00pm.
Sábado: 8:00am, 6:00pm.
Domingo: 8:00am, 10:00am, 12:00m, 6:00pm, 7:30pm.
Lunes a viernes: 5:00 a 6:00pm
Jueves: 9:00am a 12:00pm y los primeros Viernes de cada mes
San Felipe Apóstol, fiel seguidor del Señor y testigo de su gloria, acudimos hoy a ti con humildad y esperanza, sabiendo que desde el cielo intercedes por nosotros ante Dios Padre. Fuiste llamado por Jesús, y sin dudar, seguiste su voz con generosidad. Enséñanos también a escuchar el llamado del Señor y a seguirle con fe.
Tú, que llevaste a otros hacia Cristo, como hiciste con Natanael, danos el valor y la sabiduría para anunciar el Evangelio con alegría y convicción. Ayúdanos a ser instrumentos de paz y esperanza en medio del mundo, especialmente en nuestras familias, trabajos y comunidades.
Oh glorioso San Felipe, intercede por todos los feligreses de esta parroquia que lleva tu nombre en San Isidro. Tú conoces nuestras luchas, nuestras intenciones más profundas y nuestras súplicas silenciosas. Preséntalas ante el Señor, para que nos conceda lo que más necesitamos.
Bendice a cada familia de nuestra comunidad, protege a nuestros niños, guía a nuestros jóvenes, consuela a nuestros ancianos y fortalece a los que viven momentos difíciles. Danos un corazón generoso, dispuesto a servir y a vivir en fraternidad.
Ilumina a nuestros pastores y servidores, para que, inspirados en tu ejemplo, guíen con amor a esta comunidad de fe. Que cada celebración, cada encuentro, y cada gesto de solidaridad en nuestra parroquia sea reflejo del amor de Cristo que tú anunciaste con tu vida.
San Felipe Apóstol, apóstol de la cercanía y de la confianza, enséñanos a buscar siempre a Jesús, a conocerlo más profundamente y a amarlo con todo nuestro ser. Que nunca nos alejemos de su Palabra ni de su presencia en los sacramentos.
Confiados en tu intercesión poderosa, te pedimos, querido San Felipe, que nos alcances del cielo la bendición que tanto anhelamos. Quédate con nosotros, guíanos siempre hacia Cristo, y que tu bendición descienda sobre todos los feligreses de la Parroquia San Felipe Apóstol - San Isidro. Amén.
San Felipe Apóstol, en esta Semana Santa nos acercamos a ti con el corazón abierto, acompañando a nuestro Señor Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección. Tú que caminaste junto a Él y aprendiste de su amor, enséñanos a vivir estos días santos con recogimiento, entrega y esperanza.
Tú que escuchaste de labios del Maestro: "Sígueme", y dejaste todo por el Reino de Dios, ayúdanos a desprendernos del egoísmo, de la indiferencia y del pecado. Que como tú, podamos seguir a Cristo con decisión y fidelidad, especialmente en esta semana donde revivimos el misterio de nuestra redención.
En estos días santos, te pedimos que intercedas por cada feligrés de esta comunidad parroquial que lleva con orgullo tu nombre. San Felipe Apóstol, ruega por nosotros para que sepamos vivir con fe cada celebración, cada silencio, cada signo de la liturgia que nos conduce al corazón del amor de Dios.
Bendice a las familias de nuestra parroquia, acompaña a los que sufren, fortalece a quienes han perdido la fe y consuela a los corazones rotos. Que la cruz de Cristo, que contemplamos con reverencia, nos recuerde que después del dolor viene la vida, y después de la muerte, la resurrección.
San Felipe, testigo de la gloria de Jesús, intercede para que, al igual que tú, aprendamos a ver al Padre en la entrega del Hijo, y que nuestra fe se renueve al contemplar su sacrificio por la humanidad. Ayúdanos a vivir la Semana Santa no como una costumbre, sino como un verdadero encuentro con Dios.
Haz que esta Semana Santa transforme nuestro corazón, nos impulse a servir a los demás y a caminar unidos como comunidad creyente. Que sepamos amar como Jesús nos amó, y que su pasión nos enseñe a dar la vida por nuestros hermanos.
Confiados en tu intercesión, San Felipe Apóstol, pedimos tu bendición sobre todos los feligreses de la Parroquia San Felipe Apóstol - San Isidro. Acompáñanos en este camino hacia la Pascua y condúcenos siempre al encuentro con el Cristo Resucitado. Amén.
San Felipe Apóstol, en esta Navidad venimos a ti con el corazón agradecido y lleno de esperanza. Celebramos el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y te pedimos que nos acompañes en este tiempo de gracia para acogerlo con humildad y alegría.
Tú que caminaste junto al Mesías, que lo escuchaste, lo amaste y lo seguiste con fidelidad, ayúdanos a reconocer su presencia en el pesebre humilde, en el rostro de los pobres y en cada gesto de amor verdadero. Que esta Navidad no sea solo una fiesta externa, sino un nuevo nacimiento de Cristo en nuestra vida.
Intercede por los feligreses de nuestra Parroquia San Felipe Apóstol - San Isidro, para que vivamos este tiempo con un espíritu de unión, generosidad y fe renovada. Que cada hogar se llene de la luz de Belén, y que el Niño Jesús reine en cada familia, especialmente en aquellas que sufren o están solas.
Bendice a nuestros niños con ternura, a nuestros jóvenes con entusiasmo, y a nuestros mayores con paz y consuelo. Que el amor del Emmanuel, Dios con nosotros, transforme nuestras heridas en esperanza, y nuestras preocupaciones en confianza en la voluntad de Dios.
San Felipe Apóstol, enséñanos a decir "sí" al plan de Dios como lo hicieron María y José, y a vivir esta Navidad con sencillez y entrega. Que no perdamos de vista el verdadero sentido de esta fiesta: el nacimiento de nuestro Salvador que viene a darnos vida nueva.
Que la alegría del nacimiento de Cristo renueve nuestra fe, fortalezca nuestra comunidad y nos inspire a ser portadores de luz en medio de un mundo que tantas veces vive en oscuridad. Ayúdanos a vivir como testigos del amor de Dios hecho Niño.
Con fe y esperanza, pedimos tu bendición, San Felipe Apóstol, para todos los que formamos parte de esta parroquia que lleva tu nombre. Que esta Navidad sea una oportunidad para acercarnos más a Dios, crecer en fraternidad y vivir con el gozo de sabernos amados por Él. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
Miraflores
Pachacamac
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Rimac
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San Isidro
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