
Dirección: Jr. Poseidón Mz. A33 Lote 1, Urb. Sagitario, Lima 33
Telf.: 359-9594
De martes a sábado: 7: 30 a.m.
De lunes a sábados: 7: 00 p.m.
Domingos: 8: 00 a.m.; 11: 00 a.m.; 6: 00 p.m. y 7: 30 p.m.
Hora santa: los jueves a las 6: 00 p.m.
durante las misas.
de lunes a sábado de 8: 00 a.m. a 10: 00 p.m.
Oh, San Juan Pablo II, gran pastor de la Iglesia,
te dirigimos nuestra oración desde la Parroquia San Juan Pablo II,
en Santiago de Surco, con corazones llenos de fe y esperanza.
Intercede por nosotros ante el Señor,
para que podamos seguir tus pasos de amor y servicio a Dios y a nuestros hermanos.
Te pedimos tu bendición, Santo Padre,
para que ilumines a nuestros sacerdotes, ministros y fieles,
y nos guíes en el camino de la verdad, la paz y la unidad.
Que tu ejemplo de humildad, dedicación y amor nos inspire cada día.
San Juan Pablo II, modelo de fortaleza en la fe,
te rogamos que nos otorgues la gracia de vivir con valentía
ante los desafíos que nos presenta la vida,
y que nuestra parroquia sea un refugio de amor y esperanza.
Te suplicamos, querido Santo,
que nos acompañes en nuestras dificultades y luchas diarias,
y que nos ayudes a ser instrumentos de paz y reconciliación
en nuestras familias, comunidades y en nuestro país.
Tú que fuiste mensajero de la misericordia divina,
te pedimos que intercedas por nosotros para que se derrame sobre nosotros
el amor incondicional de Dios,
y que podamos compartir este amor con todos los que nos rodean.
Que tu intercesión, San Juan Pablo II,
nos dé el consuelo y la fortaleza para vivir con esperanza,
siguiendo el ejemplo de tu vida y el testimonio de tu fe,
siempre confiando en la providencia de nuestro Señor Jesucristo.
Finalmente, te pedimos, Santo Padre,
que nos bendigas y guíes en nuestro caminar cristiano,
para que, como tú lo hiciste, podamos ser testigos de Cristo en el mundo
y alcanzar la gloria eterna junto a Él. Amén.
Oh, San Juan Pablo II,
en esta Semana Santa, nos dirigimos a ti con corazones llenos de fe y gratitud,
para pedir tu intercesión y tu bendición.
Te pedimos que nos guíes en este tiempo de reflexión y penitencia,
para que podamos vivir con profundidad el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Que tu ejemplo de fervor y dedicación a la cruz de Cristo
nos inspire a tomar nuestra cruz diaria con amor y esperanza,
siguiendo los pasos de Jesús, quien nos enseñó a amar y perdonar.
Ayúdanos, San Juan Pablo II, a vivir esta Semana Santa con un corazón contrito y dispuesto a la conversión.
Te pedimos, Santo Padre,
que en cada momento de esta Semana Santa,
podamos abrir nuestras puertas al amor de Cristo,
y que nuestra fe se fortalezca a través de la oración, la meditación y los sacramentos.
San Juan Pablo II, tú que viviste intensamente la pasión de Cristo,
ayúdanos a no olvidar nunca el sacrificio de Jesús en la cruz,
y a reconocer la fuerza de su Resurrección,
que nos trae la promesa de vida nueva y eterna.
Que esta Semana Santa sea para nosotros una oportunidad de renacer,
de reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos,
y de comprometernos a vivir según el Evangelio,
siguiendo el ejemplo de Cristo en todos nuestros actos.
San Juan Pablo II, en este tiempo sagrado,
te pedimos que nos bendigas y nos acompañes,
para que podamos experimentar la paz y el gozo de la Resurrección,
y compartir esta alegría con todos los que nos rodean.
Que, bajo tu protección y con tu bendición,
vivamos esta Semana Santa con un corazón lleno de amor,
y que, al celebrar la victoria de Cristo sobre la muerte,
renovemos nuestra esperanza y fe en su divina misericordia. Amén.
Oh, San Juan Pablo II,
en esta Navidad, nos acercamos a ti con corazones llenos de alegría y gratitud,
al celebrar el nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo.
Te pedimos tu bendición, Santo Padre, para que, como tú lo hiciste,
podamos vivir esta fiesta con humildad y amor, reconociendo en el Niño Jesús
el regalo más grande que Dios nos ha dado.
Intercede por nosotros, San Juan Pablo II,
para que, en medio de las luces y los festejos,
no olvidemos el verdadero significado de la Navidad:
el nacimiento de la paz, la esperanza y la salvación en el mundo.
Te pedimos que, en esta Navidad, nuestros corazones se llenen de compasión y generosidad,
como tú nos enseñaste a amar a todos, especialmente a los más pobres y necesitados.
Que tu ejemplo de servicio y amor a Cristo nos inspire a vivir esta Navidad
compartiendo con los demás el amor y la alegría que Cristo trae a nuestras vidas.
San Juan Pablo II, tú que fuiste un gran defensor de la familia,
te pedimos que bendigas a todas las familias de nuestra parroquia y del mundo entero,
para que, al igual que la Sagrada Familia en Belén,
vivamos en unidad, paz y amor en nuestros hogares.
Que la luz de la estrella de Belén ilumine nuestros corazones,
y que, con tu intercesión, podamos ser portadores de la luz de Cristo
en cada acción y palabra que pronunciemos,
llevando su amor a todos los rincones del mundo.
San Juan Pablo II, en esta Navidad, te pedimos que nos bendigas con un corazón lleno de esperanza,
y que podamos, como tú lo hiciste, caminar con valentía hacia el futuro,
siempre confiando en la promesa de la salvación que nos trae el Niño Jesús.
Que en esta Navidad, bajo tu protección y con tu bendición,
podamos renovar nuestra fe y nuestra alegría en Cristo,
y vivir este tiempo con un espíritu de reconciliación, amor y paz.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
Miraflores
Pachacamac
Pueblo Libre
Rimac
San Borja
San Isidro
San Luis
San Miguel
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