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Jueves: 7:30pm a 9:00pm
Lunes a viernes:
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Sábado:
9 am a 1 pm
Dios Padre todopoderoso, en tu infinita misericordia venimos ante ti como comunidad de fe de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados y San José, implorando tu bendición. Con humildad y esperanza, confiamos en tu amor que nos sostiene y nos guía cada día.
Te pedimos, Señor, que derrames tu gracia sobre nuestras familias, sobre cada miembro de nuestra comunidad. Que tu paz habite en nuestros corazones, y que tu luz ilumine nuestros caminos, especialmente en tiempos de dificultad.
Bendice, Padre Santo, a nuestros líderes, a aquellos que sirven en tu iglesia, para que sigan siendo instrumentos de tu voluntad. Haz que, con su ejemplo, podamos acercarnos más a ti y vivir el evangelio con alegría y compromiso.
Te pedimos por los enfermos, los necesitados y todos aquellos que sufren. Que tu consuelo llegue a cada uno de ellos, que encuentren esperanza y sanación en tu presencia divina.
Te rogamos, Señor, por todos nuestros jóvenes, que se alejen de las tentaciones del mundo y encuentren en ti su verdadera razón de ser. Fortalece su fe y ayúdalos a caminar con valentía hacia un futuro lleno de amor y paz.
Gracias, Padre, por tu constante presencia en nuestras vidas. Ayúdanos a seguir creciendo como comunidad en amor, unidad y servicio a los demás. Que podamos ser un reflejo de tu bondad y generosidad en todo lo que hagamos.
Finalmente, te pedimos que sigas bendiciendo a nuestra parroquia, que seas siempre nuestra guía y protector, y que nunca nos falte tu amor. Amén.
Señor Jesús, en esta Semana Santa venimos ante ti con corazones llenos de gratitud y humildad. Recordamos tu pasión, muerte y resurrección, y te damos gracias por el inmenso sacrificio que hiciste por nosotros. A través de tu cruz, nos has mostrado el verdadero camino del amor y la redención.
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a vivir con más fe y devoción en esta Semana Santa. Que podamos seguir tu ejemplo de humildad y sacrificio, y abrir nuestros corazones a tu amor infinito. Que cada oración, cada paso que demos, sea un acto de gratitud por todo lo que hiciste por nuestra salvación.
Bendice, Padre celestial, a nuestra comunidad parroquial. Que durante estos días santos nos unamos más en oración y reflexión, buscando tu perdón y tu paz. Fortalece nuestra fe y que este tiempo nos acerque más a ti y a los demás.
Te rogamos, Señor, por los más necesitados, por aquellos que sufren en silencio y por todos los que buscan tu consuelo. Que, como tú, podamos aprender a cargar con las cruz de los demás y ser agentes de esperanza y compasión.
En esta Semana Santa, también te pedimos por nuestras familias. Que el amor de Cristo renueve cada hogar, sanando heridas, renovando la unidad y trayendo paz en medio de las dificultades.
Gracias, Jesús, por tu sacrificio en la cruz. Que, a través de tu resurrección, podamos vivir con renovada esperanza y alegría. Que tu victoria sobre la muerte nos inspire a vivir una vida más plena en tu amor y en servicio a los demás.
Te pedimos que esta Semana Santa sea un tiempo de profunda reflexión, conversión y renovación espiritual para cada uno de nosotros, y que tu luz nos guíe siempre. Amén.
Señor Jesús, en esta Navidad nos postramos ante ti con corazones llenos de amor y gratitud, celebrando tu nacimiento, el regalo más grande que nos has dado. Venimos a ti como comunidad de fe de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados y San José, para alabarte y bendecirte por haberte hecho uno de nosotros.
Te damos gracias, Señor, por tu presencia en nuestras vidas. Al nacer en un pesebre, nos muestras que la humildad, el amor y la esperanza son los caminos que debemos seguir. Que esta Navidad nos inspire a vivir con generosidad y bondad, y que el ejemplo de tu vida nos lleve a compartir con los demás, especialmente con los más necesitados.
Bendice a nuestras familias, Señor, que en estos días de celebración podamos fortalecer los lazos de unidad y amor. Que el espíritu de la Navidad reine en nuestros hogares, trayendo paz, reconciliación y alegría en nuestros corazones.
Te pedimos, Señor, por todos los que están lejos de su hogar, por los enfermos, por aquellos que sufren soledad y tristeza. Que tu luz ilumine su camino, que encuentren consuelo y esperanza en ti, y que puedan sentir tu presencia cercana en sus vidas.
En esta Navidad, que tu paz reine en nuestro corazón y en el mundo entero. Que el mensaje de tu nacimiento, lleno de esperanza y redención, se difunda a todos los rincones, transformando nuestra sociedad y llevándonos a vivir como verdaderos discípulos de tu amor.
Gracias, Señor, por el regalo de tu Hijo, Jesús, que es la luz del mundo. Que al celebrarlo, experimentemos una renovación en nuestra fe y una mayor cercanía contigo. Que podamos vivir en tu amor y ser portadores de tu paz, llevando el mensaje de tu nacimiento a todos aquellos que encontremos en nuestro camino.
Te pedimos, Señor, que esta Navidad sea un tiempo de verdadera reflexión y alegría, un tiempo para acercarnos más a ti y a los demás, y que tu bendición esté con nosotros siempre. Amén.

Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con nacionalidad peruana desde 2015, fue elegido como el nuevo papa de la Iglesia Católica tras el cónclave realizado en el Vaticano. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el sucesor del papa Francisco. La elección fue recibida con entusiasmo por miles de fieles en la Plaza San Pedro. Prevost tiene una extensa trayectoria como misionero en Perú, particularmente en Chulucanas y Trujillo, y ha desempeñado importantes cargos dentro de la Iglesia, incluyendo prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina desde 2023.
Con una sólida formación académica en matemáticas, teología y derecho canónico, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco. Durante su tiempo en Perú, se destacó en labores pastorales, académicas y judiciales, y llegó a ocupar el cargo de segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Su elección como pontífice se produjo luego de la fumata blanca anunciada desde la Capilla Sixtina, confirmando que los 133 cardenales habían alcanzado un consenso. En su primer mensaje, León XIV hizo un llamado a la paz para todos los pueblos, marcando así el inicio de su pontificado como el 267º líder de la Iglesia Católica.

El mes de mayo, lleno de flores, luz y esperanza, ha sido tradicionalmente dedicado por la Iglesia Católica a honrar a la Virgen María, Madre de Dios y madre espiritual de todos los cristianos. Esta celebración no está ligada a un único día, sino que abarca todo el mes como un tiempo especial de amor, devoción y oración a la figura maternal de María.
La dedicación de mayo a la Virgen tiene raíces antiguas, vinculadas a la primavera en el hemisferio norte, época del año que representa la vida nueva y la belleza de la creación. Así como las flores brotan con fuerza renovada, también los corazones de los fieles se abren al amor maternal de María. A lo largo de la historia, mayo ha sido elegido por muchos santos y papas como el mes ideal para acercarse a ella con más intensidad.
María es modelo de fe, obediencia y amor a Dios. En mayo se le rinde un homenaje especial no solo como madre de Jesús, sino también como intercesora, guía espiritual y protectora de la Iglesia. Su vida, marcada por la humildad y el servicio, inspira a los cristianos a vivir con entrega y confianza en el plan de Dios.
Durante este mes, muchas parroquias y comunidades realizan actividades como el rezo del Rosario diario, altares florales en honor a María, procesiones, cantos marianos y actos de consagración. Son expresiones de una fe que busca en María un reflejo puro de la misericordia divina.
La Virgen María no solo es venerada por ser la madre de Jesús, sino por su cercanía a la humanidad. Ella acompaña a cada creyente en su camino de fe, intercede ante su Hijo por nuestras necesidades y nos consuela en el dolor. En mayo, su figura se presenta como madre que escucha, que guía y que fortalece.
Honrar a María en mayo no es solo un acto de devoción, sino una invitación a imitar sus virtudes: su fe sin condiciones, su humildad profunda, su valentía ante las dificultades y su constante entrega a los demás. Rezando con ella y a través de ella, los cristianos se acercan más al corazón de Cristo.

Señor Dios de amor y de vida, hoy elevamos nuestras voces y nuestros corazones con gratitud por la vida del Papa Francisco. Gracias por haberlo llamado a pastorear a tu Iglesia con humildad, valentía y misericordia. Su paso por este mundo dejó una huella de esperanza, de ternura, y de firme compromiso con los más pobres y olvidados.
Tú, que le diste un corazón sencillo como el de San Francisco, lo hiciste testigo fiel de tu Evangelio en tiempos difíciles. Él nos enseñó con su ejemplo que la fe no se predica con palabras vacías, sino con gestos concretos, cercanía al pueblo y una vida coherente con tu Palabra.
Gracias por sus mensajes de paz, por su incansable lucha por la justicia, por el cuidado de la Casa Común y por su amor a cada ser humano sin distinción. Fue un pastor que supo escuchar el clamor de la humanidad herida y nos mostró que la Iglesia está llamada a salir, a tocar las llagas del mundo y a caminar con los que sufren.
Hoy, con el corazón dolido por su partida, te lo encomendamos, Señor. Acógelo en tu Reino eterno, donde no hay llanto ni dolor, sino gozo en tu presencia. Que descanse en paz el pastor que veló por tus ovejas y supo guiar con sabiduría, ternura y firmeza.
Te pedimos que su legado no se pierda, sino que florezca en nosotros. Que sepamos seguir construyendo puentes y no muros, viviendo la fe con alegría, apertura y compromiso, como él tanto nos enseñó.
Fortalece, Señor, a tu Iglesia en este tiempo de duelo, y suscita nuevos pastores con el espíritu de Francisco: cercanos, humildes, valientes y llenos de compasión. Que su testimonio siga inspirando a generaciones a vivir el Evangelio con autenticidad y servicio.
Amén.
Ate
Barranco
Breña
Cercado de Lima
Chorrillos
Cieneguilla
El Agustino
Jesús María
La Molina
La Victoria
Lince
Magdalena del Mar
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